EMOCIONES Y PENSAMIENTOS NO SON HECHOS

Nuestras percepciones nos juegan una mala pasada cuando hablamos en público. Nos imaginamos que todos conocen lo que estamos sintiendo y lo que estamos pensando, y por lo tanto sufrimos una impresión terrible de estar totalmente expuestos.

Vulnerabilidad. Quienes la han experimentado recuerdan esa “sensación” temida de vergüenza y humillación y esa “confirmación interna”, basada en las miradas y expresiones de los demás, de que sí notan la inseguridad, la incompetencia, la inadecuación, o simplemente los nervios que sentimos.

Nada más erróneo.

Lo cierto es que salvo excepciones muy obvias, el 90% de lo que pensamos o sentimos acerca de nuestro auditorio:

  1. No es cierto.
  2. No coincide con lo que hay en la mente y corazón del público.
  3. Sólo se basa en una generalización (todos notaron…) que carece de fundamento.

Aunque realmente estés temblando por dentro y sintiéndote avergonzado, los demás no lo captan completamente a no ser que se los digas. Por lo tanto,

  1. No lo digas, no “te vendas”
  2. No congeles ese pensamiento, como si fuera cierto.
  3. Avanza a pesar de lo que sientes.

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